Dee Caffari - la mujer que dio la vuelta al mundo en velero … SOLA
Dee Caffari … La mujer que batió todos los records
Dee Caffari fue la primera mujer que consiguió la increíble hazaña de dar la vuelta al mundo en un velero, sola. Se atrevió a adentrarse sola en una peligrosa vuelta al mundo de Este a Oeste que sólo cuatro hombres habían acabado con éxito. Increíble.
Aquí tenéis un video suyo.
Y encima lo hizo en sentido contrario a las corrientes.
Seis meses de duración sin pausa, contra las olas, los vientos y las tormentas más feroces, los icebergs y la soledad más austera es sin duda toda una hazaña. Si además este pulso contra la naturaleza se lleva a cabo por el conocido ‘camino equivocado (’debido a la dificultad que entraña navegar en dirección contraria a las corrientes y los vientos predominantes), el protagonista de la historia adquiere la condición de leyenda.
Dee Caffari es la quinta y última persona en entrar a formar parte de este selecto club que, por primera vez, da la bienvenida a una mujer. Esta británica de 33 años partió de Portsmouth a bordo del velero Aviva en una soleada mañana de noviembre. 178 días y 29.100 millas náuticas después, Caffari, escoltada por decenas de embarcaciones, entraba al puerto de Southamptom en la proa de su barco con los brazos extendidos y sosteniendo dos bengalas. La intensa lluvia que azotaba al sur de Inglaterra no borró su sonrisa ni la ovación que le brindaron los habitantes de esta localidad marinera. El 21 de mayo de 2006 se escribía el final de su aventura.
«No puedo describir lo feliz que me siento. Es uno de los viajes más extremos que se pueden hacer y en ocasiones creía que no lo conseguiría, aunque a la vez me sentía una privilegiada por estar viviendo yo sola los momentos mágicos que ofrece el océano», relataba Dee Caffari escasas horas después de su regreso a casa.
Y lo cierto es que la aventura vivida y sufrida guarda un sinfín de episodios donde se muestra hasta dónde puede llegar el límite del ser humano.
La navegante inglesa, que ya había dado la vuelta al mundo como patrona del mismo barco, aunque con una tripulación de 18 hombres, en la Global Challenge 2004/2005, apenas tuvo ocho semanas para preparar el desafío más peligroso que jamás había encarado. «Creo que al final fue mejor tener un entrenamiento corto porque así no tuve tiempo de que me abordara el pánico», esgrimía Caffari.
Tras un cómodo inicio, la odisea de Dee comenzó en el séptimo día de viaje cuando tuvo que echar su primer pulso contra las condiciones meteorológicas: una tormenta tropical con vientos que alcanzaron los 72 nudos en mitad del Atlántico y en una lúgubre noche. Sin luna y sin estrellas que alumbraran, Caffari se vio obligada a retirar el mástil para evitar roturas, a pesar de las fuertes sacudidas del mar.
Pero los verdaderos problemas llegaron cerca del Cabo de Hornos y con las fiestas más entrañables del año a la vuelta de la esquina. El piloto automático del Aviva comenzó a fallar de manera intermitente unos días antes de Navidad, pero en la mañana del 25 de diciembre la protagonista de la historia comprobó que la avería era más seria de lo esperado. Tratar de bordear el archipiélago de Tierra de Fuego de este a oeste sin ese sistema era algo más que una temeridad. Dee Caffari tuvo que realizar un curso avanzado de ingeniería eléctrica, impartido por el equipo de tierra, para reparar los daños.
Diez días después y con el percance tecnológico subsanado, el Aviva cruzaba el Cabo de Hornos escoltado por una fragata de la Armada chilena y por un crucero transoceánico. Era la cálida bienvenida que le ofrecía el exótico Océano Sur. Nada que ver con la apocalíptica cara que le mostraría este despiadado mar un poco más adelante.
Insólito cumpleaños
Los caprichos del destino reservaron una de esas extrañas coincidencias que ocurren rara vez en la vida: Dee Caffari celebró el día de su cumpleaños en el punto más alejado de la tierra, el punto Nemo. «No había nadie ni nada. Físicamente estaba sola, pero emocionalmente llena. Recibí mensajes de todos los rincones del mundo, dándome apoyo y felicitándome por mi cumpleaños, pero yo estaba en el lugar más insólito del planeta. Fue un día muy especial», relataba.
Poco después, el Aviva llegó al momento más duro del viaje. Una batalla extrema contra el frío, los icebergs y el viento. El barco, que había demostrado su fortaleza y estabilidad hasta entonces, comenzó a sufrir profundas heridas y el histórico récord de Caffari se ponía en serio peligro. La británica sufrió como nunca para evitar que su sueño se quebrara. Una noche se mantuvo durante más de una hora subida al mástil para reparar los daños que causó un rayo cuando el velero era lo más parecido a un caballo salvaje en un rodeo; los problemas del Aviva y los constantes cambios de rumbo para evitar las tormentas, redujeron drásticamente las horas de sueño de Dee Caffari, que llegó a dormir sólo nueve horas en nueve días.
Así contaba Dee este angustioso tramo: «Creo que fue lo más duro del viaje. Estaba realmente cansada, exhausta, hasta el punto de pensar en dejar el reto, pero no quería empezar algo para no acabarlo», recordaba la navegante.
Vuelta al Atlántico
Tras semanas de luchas y de constantes cambios de rumbo para evitar las peores tormentas, Caffari cruzó el Cabo de Buena Esperanza y regresó al océano Atlántico después de 133 días de navegación en solitario. Aunque aún le quedaba por recorrer lo equivalente a dos trayectos de los que realizan los cruceros trasatlánticos, la navegante llegaba al epílogo de su periplo.
Sin embargo, fueron 45 día psicológicamente muy duros. Y no por las tormentas, sino por todo lo contrario. Unas temperaturas altísimas y un viento casi nulo frustraban a Caffari, cada vez más castigada conforme se acercaba el final de la travesía.
No obstante, la inglesa apretó los dientes ante la última adversidad que se le presentaba y en la tarde del 21 de mayo contempló seis meses después la costa británica. Y tras cruzar la línea de Lizard y después de haber logrado vencer a todos los océanos del mundo, la joven Dee Caffari se convirtió así en la nueva leyenda de los mares.
Una profesora que lo dejó todo por el mar
Dee Caffari nació hace 33 años en Hertfordshire, aunque pronto se marchó a vivir a Southamptom, lugar donde sigue residiendo cuando está en tierra. Su padre Peter fue quien le introdujo desde niña en el mundo del mar, una afición que pronto se tornó en pasión. Años más tarde empezó a estudiar en la universidad con la intención de convertirse en profesora de gimnasia, pero fue ahí donde se dio cuenta que su vida estaba en el agua. Tras dejar sus estudios y viajar alrededor del mundo, donde practicó todo tipo de deportes extremos, Caffari regresó a Inglaterra para trabajar con el Mike Golding Yacht Racing para adentrarse en el vertiginoso mundo de los ‘offshores’. Poco después, la joven británica recibió la llamada de Sir Chay Blyth, quien le abrió las puertas a un verdadero desafío: liderar una tripulación de 18 hombres en la Global Challenge 2004/2005. Fue en medio de esta vuelta al mundo contra las corrientes y los vientos cuando surgió la idea de completar este mismo recorrido, pero en solitario. Ahí empezó a fraguarse su leyenda. Una vez completado su viaje más increíble, Caffari apenas ha permanecido unas semanas en tierra. Este fin de semana vuelve a subirse a un barco, esta vez con una tripulación a su lado, para competir en la regata Newport-Bermuda a bordo del Pindar Volvo 60. Como ella misma dice, tras completar la vuelta al mundo en solitario ahora tiene muchas más oportunidades.
El abrazo de su derrocado mentor
Y la discípula superó con creces al maestro. A Dee Caffari le costó bajar a tierra tras atracar en la abarrotada marina del puerto de Southampton una vez completado con éxito su viaje. La británica recibió en la misma cubierta de su velero dos ilustres visitas: la de la princesa Ana de Inglaterra y la de Sir Chay Blyth, director del proyecto Aviva Challenge y el primer hombre que logró dar la vuelta al mundo sin escalas por el ‘camino equivocado’. Blyth se convirtió en 1971 en un héroe nacional cuando completó el angustioso recorrido en 292 días a bordo del British Steel, 114 más de los que necesitó Dee Caffari. Preguntada por el hecho de hacer añicos el registro de su mentor, la navegante argumenta que la diferencia se debe al progreso tecnológico: «Yo he contado con una muy buena tecnología y con más información que la que él tenía». «Mientras que yo contaba con previsiones meteorológicas para decidir qué rumbo tomar, Chay Blyth tenía que enfrentarse diariamente con lo que se iba encontrando por el camino», explica Dee Caffari.